Los locos del zapato; el rico y el pobre

En 2021, mientras me tomaba unas cervezas, costeñitas entre otras cosas, observé que no cabía un alma en La troja, el tema de Ricardo Ray, el sonido bestial sonaba en ese momento, era bullicioso pero incitante. En un instante sentí que el celular estaba vibrando, lo saqué del bolsillo y empecé a medio oír la conversación, como sabía qué aparato tenía poca carga, decidí meterlo dentro del zapato para escuchar mejor antes que se descargara.
A los dos minutos el celular se apagó, llamé a un mesero que estaba por ahí cerca y me destapó una costeñita que estaba dentro de un balde con hielo. Poco después, salí a bailar una de mis canciones preferida de salsa.
Los asistentes que estaban cerca de mi mesa me miraban y se sonreían, yo lo veía extrañado con el rabillo del ojo, pero no les paraba bolas, a eso de las doce de la noche decidí irme a dormir al apartamento.
Al siguiente día me fui para el Catamarán, cuando llegué observé que mi sobrina me estaba esperando detrás de la puerta de vidrio polarizado, en medio de una risa burlona me dice:
—Tío, usted se ha vuelto famoso.
—¿Y por qué? —pregunté.
—Vea, vea este video, insistía sonriendo.
—¿Y qué tiene de raro? —si yo lo único que hice fue colocar el celular dentro del zapato para oír la conversación.
En la noche comencé a ver el video y cantidad de comentarios producidos, alcance a ver 15.000 reproducciones y 32.000 like, la mayoría de los comentarios provenían de México, algunos me tildaban de loco, borracho… también provenían de; España, Guatemala, Argentina, Cali, y cada vez que los leía soltaba unas tremendas carcajadas que los vecinos me tocaron varias veces la puerta porque pensaba que había enloquecido.
Pasaban los días en Barranquilla y la gente hablando del tema, un día supe que había caído un Meteorito en el barrio San Pablo y le dije a mi amigo Douglas, que siempre me acompañaba a vender los libros “Soñando en grande”, el cual hice en honor al “pibe” Valderrama, a mis amigos.
—Vamos a conocer el Meteorito que cayó en las Villas de San Pablo. —me dijo Douglas.
—Dale, vamos para allá.
Cuando llegamos encontramos una cantidad de curiosos alrededor de la piedra, luego vi una botella de plástico vacía que estaba tirada en el barro, la recogí y la corté por la mitad, el pico me lo coloqué en un ojo, enseguida empecé averiguar de qué material era la roca. Alcancé a escuchar a varias personas decir ese es “loco del zapato”.
El sol del mediodía me sacó de ese ambiente, fui al carro de Douglas y saqué 20 ejemplares, le dije a unos “pelaos” que hicieran una fila y le regalé los libros. De regreso al apartamento me enviaron un video de los más famosos de Barranquilla, allí estaba Alex, la Valdiri, Aida y el loco del zapato.
Más adelante apareció el famoso tenista serbio Novak DJocovik hablando por un zapato… ¡Ah! Pero ese no está loco, porque como es multimillonario, campeón del mundo, que anda en lujosos carros, en los mejores restaurantes del mundo, yo si soy loco, porque ando montado en los buses de Coochofal y Flota Ángulo, como chinchurria en las calles de Barranquillita y arroz de payaso en los andenes de los barrios de Barranquilla... Y saben qué, así soy feliz porque nadie me va a robar, sigo jugando fútbol en la mejor cancha de Salgar, me la gozo los fines de semana en los estaderos de la Troja, el Taboga y la Estación de la 8 y el domingo en Mar de Sol en Pradomar.
Seguiré siendo el “loco del zapato”, porque a mi gente le gusta, y como un buen Barranquillero llevo el sabor y la sabrosura, en mi vida y en mi corazón.
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