“El cine es una vieja bestia, robusta y elástica que sobrevive a todo”

Tilda Swinton ha sido arcángel, vampira, anciano, asesina y bruja, entre otros. Además, todo un ícono de la moda. Ella es la gran invitada al Festival de Cine de Cartagena.

Nadie le quita a Tilda Swinton (Londres-1960) el título de ser una de mejores actrices de los últimos tiempos. Ecléctica como ninguna. Inclasificable. Los mejores realizadores quieren trabajar con ella. El mundo de la moda también la reclama como uno de sus íconos.

Desde este miércoles será, al lado de Maribel Verdú, Owen Wilson y Bruno Dumont, una de las grandes invitadas a la edición 58 del Festival de Cine de Cartagena (Ficci). SEMANA la entrevistó poco antes de que llegue a Colombia.

Usted comenzó a hacer teatro en la Royal Shakespeare Company y otras compañías en Edimburgo (Escocia), hasta que Derek Jarman la convenció de hacer películas en los años ochenta. ¿Qué es lo que más recuerda de esa época? ¿Qué la enamoró del cine?

Tilda Swinton: Yo siempre estuve enamorada del cine, pero no había mucha opción de hacerlo en aquella época. Solo hice teatro para estar rodeada de ciertas personas que amaba en la universidad y a los que les gustaba actuar. Luego de trabajar dos años profesionalmente en el teatro lo iba a dejar, pero conocí a Derek Jarman - director de Blue (1993), Edward II (1991) y Sebastiane (1976), entre otras- y él me dio las posibilidades de estar en ese ambiente lleno de libertad que ofrecía su universo cinematográfico (muy centrado en la homosexualidad y en el conservadurismo del Reino Unido).

¿Cómo era íntimamente en ese universo, cómo trabajaban?

T.S.: El universo se basaba en el principio de la responsabilidad colectiva, pero la visión particular la daba Derek (Jarman): éramos una banda de granujas diversa en donde había personas inspiradoras que entraban y salían para cada proyecto (NR: Tilda trabajó en seis de sus 15 películas). Fue mágico. Una iniciación en el mundo del arte. El cine en Inglaterra, donde yo vivía a finales de los ochenta y durante los noventa, era escaso y muy industrial. El cine arte estaba representado por Derek y por un puñado de cineastas apoyados por el British Film Institute (El Instituto de Cine Británico). No sé dónde más pude haber encajado. Estoy segura de que me habría embarcado en una carrera como apostadora profesional -mi opción favorita- si Derek no me hubiera invitado un día a tomar el té.

Su papel como Orlando (basado en la novela de Virginia Woolf) es muy recordado porque era un personaje andrógino. Uno podría pensar que toda la controversia y los comentarios que generó este personaje siguen siendo hoy tan válidos como hace 25 años. ¿Qué significa la androginia para usted? ¿Siente que este concepto es más aceptado hoy que hace dos décadas?

T.S: El año pasado me paré a la entrada de la puerta de un baño en Manhattan en el que estaba escrito: “Para todos los géneros”. Y me acordé de hace casi treinta años cuando con Sally Potter (la directora de Orlando) comenzamos a hablarle a la gente sobre querer hacer Orlando... Los tiempos, ciertamente, son otros. Todo el concepto del género como algo fijo e inmutable, que Orlando desafió, ha comenzado a sentirse. De hecho, hay una aceptación creciente de las posibilidades de entender la identidad más allá de la definición de género. Lo que Virginia Woolf planteaba en su libro era lo andrógino como el estado esencial de los verdaderos genios, más allá de las reglas sociales, más allá de una sexualidad normativa. Y esa era la esencia de lo que nos interesaba cuando hicimos la película.

¿Qué es lo que más le gusta del personaje de ‘Orlando’?

T.S.: El gesto de un espíritu puro, libre de las limitaciones de la definición de género o de edad. Lo andrógino es una visión de inclusión, de flexibilidad, de una vida vivida plenamente, junto a la cual los límites de un universo puramente binario se sienten menos de lo que nosotros, los humanos, podemos llegar a vivir. Imagino a Orlando rebotando en el presente y más allá, aun existiendo como un alma, como una persona, libre de la parafernalia que está atada a los caprichos de la sexualidad normativa, de la clase, de la nacionalidad, del momento histórico. Esa visión es lo que lo andrógino significa para mí y muestra porqué Orlando expresa muy profundamente una actitud que yo aprecio.

Ha trabajado con grandes cineastas independientes a lo largo de su carrera, uno de ellos Jim Jarmush. ¿Qué posibilidades le dan como intérprete que no le dan las películas masivas, como las de Hollywood?

T.S: El gran regalo de mi vida ha sido poder construir mi carrera a partir de diferentes amistades. Luego de haber comenzado mi trabajo en el cine con una familia consistente, como era lo de Derek Jarman, es una verdadera bendición haber encontrado, a lo largo de los años, tantos otros para hacer lo que me gusta. Lo que me permite seguir trabajando en el cine es poder hacerlo a través de conversaciones cercanas y profundas con los demás (sobre todo los directores), eso es lo que realmente me interesa, más allá de la interpretación: la creación colectiva, el compartir la autoría, algo que el cine hace posible. También las pocas veces en las que he trabajado en películas respaldadas por grandes estudios, lo que quiere decir que involucran más dinero y casi siempre una atmósfera más ‘administrativa‘, he tenido la suerte de encontrar una serie espíritus de autor (Bong Joon Ho, David Fincher, Frances Lawrence, Andrew Adamson, Scott Derrickson/Kevin Feige), a quienes los estudios en cuestión han apoyado sin reservas. Así que, sin importar el tamaño del presupuesto, siempre lo he sentido como algo experimental.

Actualmente estamos viendo cómo las mujeres en la industria del cine se empoderan y denuncian casos de abusos y acoso sexual. ¿Cree que #MeToo va a lograr un cambio más profundo en el papel de la mujer en el cine y en sociedad?

T.S.: Hay una oportunidad aquí para lograr algo revolucionario al reconocer que hay un desequilibrio de poder sistemático que prevalece en nuestra sociedad. Más allá del tema de los abusos sexuales, la disparidad constante en el pago de salarios entre hombres y mujeres es un síntoma de algo más profundo que debe ser arrancado de raíz: creo que la coyuntura actual nos dará la posibilidad de hacer correctivos. Al acoso y a la injusticia la debemos abordar, eliminarlas del tablero: es decir, hombres y mujeres debemos ponernos de acuerdo para efectuar estos cambios.

¿Qué hay que hacer?

T.S.: Como mujeres debemos ser escrupulosas para no perpetuar estos sistemas enquistados de desigualdad y sí movemos, en cambio, con un propósito comprometido, hacia una atmósfera de algo verdaderamente nuevo y verdaderamente ético en términos de un reconocimiento ilustrado de los derechos humanos y civiles.

Usted tiene un gran bagaje intelectual y uno siente que su personaje de Eva en ‘Only Lovers Left Alive’, la película de Jim Jarmush, pareciera tener mucho de usted, ¿lo siente así?

T.S.: Me honra saber que Jim (Jarmusch) escribió el personaje de Eva para mí y me alegra tener sus rasgos, que desde un comienzo despertaron mi curiosidad. Aunque, por su puesto, ella tiene su origen en la gran obra maestra de Mark Twain, El diario de Adán y Eva.

Una reciente controversia en el mundo del cine tiene que ver con Netflix, Amazon y todas las plataformas de streaming. Usted participó en ‘Okja’, la película de Bong Joon-ho producida por Netflix, ¿qué piensa de quienes dicen que esas plataformas están matando el encanto de ver películas en la pantalla grande?

T.S: No creo que haya forma de que la gente deje de disfrutar de una pantalla de cine. Creo que está todo por jugarse en el futuro: el hecho de que Netflix fuera el único estudio dispuesto a darle a un visionario como Bong Joon Ho los medios para hacer una película como Okja, sin interferencias y con un ciento por ciento de apoyo, debería verse como un desafío para todos los estudios. El cine es una vieja bestia, robusta y elástica, que tiene más de cien años y ha sobrevivido a la llegada del sonido, la televisión, el 3D y mucho más. Y, como en todas las cosas, creo que hay lugar para todos bajo el cielo.

Sabemos que le gusta escribir, ¿sobre qué escribe? ¿Qué le preocupa del mundo y de la humanidad?

T.S.: Yo escribo, principalmente, prosa, ensayos y alguna que otra crítica. Estoy en el proceso de coescribir una serie de ideas para proyectos de películas a los que sería pretencioso describirlos como guiones. Y, como regla, no soy dada a preocuparme. Pero sí tengo un profundo interés en cómo reiniciar una inversión humana ética y moral, en la bondad y en el imperativo universal de equidad y responsabilidad social. Soy una optimista sincera y experimentada, decidida a valorar una perspectiva racional siempre que sea posible. Creo que la humanidad puede y lo hará mejor. Creo en la bondad.

Usted ha codirigido en un par de documentales, ¿cómo cambia su visión cuando se acerca a un proyecto como directora y no como intérprete?

T.S.: Jamás he sido consciente de alguna vez haberme aproximado a mi trabajo como una intérprete. Por esto, tal vez, me siento incómoda cuando escucho que me describen como una actriz: eso es inexacto. Yo me considero a mí misma la principal responsable de la autoría de mi trabajo y siempre lo he hecho. Es algo que aprendí en mis primeros días de trabajo en el cine, con Derek Jarman. Él nos hizo a todos nosotros cineastas, directores.

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