El PAE era un alivio para las familias

El viernes 24 de noviembre Julia Inés Morales se rascaba la cabeza, sentada en una silla que puso en el patio embarrado de su casa en Loma Fresca. Uno de sus hijos, con discapacidad, estaba tirado en el suelo frío, mientras que su nuera de 17 años caminaba de un lado a otro cargando una bebé de siete meses. A las 10 de la mañana, el desayuno que se acababan de comer era lo único seguro que tenían para el día y el pasar de las horas angustiaba a la mujer, pues al mediodía llegaría cuatro niños hambrientos buscando comida.

Jesús Daniel, Duván, Trinidad y Sharick estudian en una sede de la institución educativa Ana María Vélez, en el mismo barrio y hasta hace unos meses la comida que les daban en el colegio les aseguraba por lo menos el almuerzo, pero desde que acabó el contrato del Programa de Alimentación Escolar (PAE), están igual que el resto de su familia, con la incertidumbre diaria.

“Esa comida era un alivio para mí, porque ya yo sabía que no tenía que conseguirles más a ellos sino que lo que encontraba era para los que estábamos aquí, rendía más”, comentó Julia Inés, con aparente tranquilidad.

En su casa viven ocho personas, los cuatro niños, el joven con discapacidad y tres adultos; pero solo trabajan dos, una hija y Julia, quien solo gana dinero cuando la buscan para hacer limpieza de casas o ayudar en otros oficios.

El PAE no está pensado para cubrir todas las necesidades nutricionales de los estudiantes, el secretario de Educación, Jaime Hernández Amín y el alcalde (e) Sergio Londoño Zurek han recordado que su objetivo es brindar un refuerzo nutricional para garantizar la permanencia de los estudiantes en las escuelas, pero en una ciudad donde 294 mil 895 personas viven en pobreza monetaria, ese refuerzo resulta ser la única comida de cientos de niños.

“Tienen que conformarse”

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), explica que una buena alimentación para los niños en edad escolar permite su desarrollo adecuado, evita enfermedades, brinda energía para estudiar y estar físicamente activos.

La Stanford Children’s Health indica que los niños como Jesús Daniel, Duván y Sharik, con edades entre 6 y 12 años, necesitan alimentos saludables y bocadillos nutritivos; granos, frutas, verduras, lácteos y proteína deben equilibrarse en la dieta. Pero el viernes, Julia Inés miraba en la cocina improvisada de su casa cómo hacer rendir dos rollos de espaguetis que una vecina le regaló, pues nadie la había ido a buscar para trabajar.

El PAE 2017 tuvo una cobertura de 127 mil raciones diarias, que beneficiaba a 96 mil niños en la ciudad, y cumplía aparentemente con estos requisitos, aunque la cantidad en las raciones fue inquietante para madres como Alina Pinto, del corregimiento de Punta Canoa.

“Acá pasó que primero decían que solo era para los niños de primaria, sexto y séptimo. Luego que también hasta noveno y después que cambiaron a algunas cocineras sí alcanzaba para todo el colegio. Yo no entendí bien cómo hacían esa cobertura, así que me metí en la veeduría y encontramos unos manejos que no eran los mejores”, explicó Alina, quien también es la presidenta de la Asociación de Usuarios (Afrodeus) del corregimiento.

Sus dos hijos, un niño de 12 y una joven de 14 años, estudian en la institución educativa de Punta Canoa y recibían los beneficios del PAE, aunque cuando llegaban a la casa pedían algo de comer. “Cuando almorzaban allá, ellos venían con hambre porque decían que era muy poquito, entonces yo acá les preparaba algo rápido, como una merienda”, comentó.

Los niños de la familia Morales viven una situación similar. Julia Inés contó que a los niños les daban arroz, carne y fríjoles, aunque en ocasiones también llegaban con hambre a la casa. “¿Satisfechos?, de pronto no quedaban llenos, pero se tenían que conformar porque acá no había. Cuando hago algo, que me va bien, les hago una sola comida, unas sopas con arroz, ahí les puedo guardar, pero mientras yo no consiga, tienen que aguantarse”, lamentó la mujer, oriunda de San Antero, Córdoba.

Cronología de un escándalo

El martes 21 de noviembre el contralor General de la República, Edgardo Maya Villazón reveló irregularidades en el Programa de Alimentación Escolar durante el 2016 en Cartagena, que incluían compra de pechugas de pollo a 40 mil pesos, o 2.800 kilos de canela comprados por 39 millones de pesos. El contralor expuso que el exalcalde Manuel Vicente Duque, quien está detenido, contrató 23 mil 427 millones de pesos para la alimentación escolar y que durante su gobierno se compraron 2.6 millones de panes a 400 pesos cada uno, de los que un millón nunca fue entregado.

El 22 de noviembre rectores de los colegios oficiales del Distrito indicaron que las mismas irregularidades del 2016 podrían hallarse en el PAE del 2017, pues el programa se interrumpió varias veces y los contratistas no cumplían con la dotación de las cocinas ni de los restaurantes escolares, por lo que estaban en malas condiciones.

Los sobrecostos y las malas prácticas de contratación siguieron saliendo a flote, pues el 23 de noviembre El Universal publicó un informe en el que se muestra cómo la entonces contralora Nubia Fontalvo avaló la declaración, por parte de la Alcaldía, de una urgencia manifiesta en abril del 2016 para hacer una contratación directa con la Fundación Red Colombiana de Comercialización y Desarrollo Comunitario, que permitiera iniciar rápidamente con el programa.

La revisión de los contratos también evidenció irregularidades en la licitación pública del 21 de junio, con la que se le dio continuidad al PAE. A esta solo se presentaron dos proponentes: el Consorcio Proescolares 2016 y la Unión Temporal Capitaliños Cartagena. Proescolares, conformada por la Cooperativa de Suministro de Alimentos de Colombia (CSAC) y la Fundación Impacto social, ganó la licitación.

Lo que llamó la atención de esto es que la CSAC, también operó el PAE desde el 2014, con el nombre de Cooseheroica y que volvió a quedarse con la licitación pública a pesar de las fallas en la prestación del servicio y las alertas de los entes de control.

Finalmente, en el 2017, las mismas dos empresas que conformaban Proescolares se quedaron con la licitación, ahora con el nombre de Nutrición Escolar.

¿Dónde compró el operador del PAE los insumos para la prestación del servicio en los colegios durante el 2016?, debería ser una pregunta obvia, pero en este escándalo no lo es. El Universal tuvo acceso a las facturas de compra de agosto, septiembre y noviembre de Proescolares y además de evidenciar los sobrecostos, se conoció que la actividad económica de la empresa a la que le compraban los productos era Comercializadora La Nueva Esperanza S. A. S., cuya actividad principal es el comercio al por menor de artículos de ferretería, pinturas y productos de vidrio.

Tras todo el escándalo, el alcalde (e) Sergio Londoño manifestó que trabaja en un plan de alimentación escolar para el Distrito, cambiando principalmente el modelo de contratación, apegándose a lo estipulado por el Ministerio de Educación sobre características nutricionales de las raciones. Londoño también explicó que se estructurará con el apoyo de Colombia Compra Eficiente, la entidad que ofrece garantías para las compras públicas.

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